Música/Reflexiones

La Era del Photoshop Musical

Últimamente, no he tenido mucho tiempo, pero el poco que he podido ocupar en momentos de ocio me he dedicado a escuchar mucha música. Mis amigos de Facebook lo saben. Siempre se me olvida bloquear la parte social con lo que, sobre todo esta semana, habrán visto que he escuchado el nuevo disco de Paolo Nutini unas 50 veces.

Hace unas semanas lo comentaba en este blog. 5 años esperando una continuación del disco más importante de mi vida (Sunny Side Up) que, desafortunadamente, nunca ha llegado. No me entendáis mal, no es que este otro no me guste, porque inevitablemente cuando alguien te gusta en demasía pierdes el sentido de la objetividad por completo, no sin preguntarte:

¿Qué te han hecho Paolo?

 Resulta muy curioso leer las valoraciones de los diferentes medios. Frases como que es el disco soul de este año, o que nunca había sacado al mercado un disco “tan bien grabado”, cuando lo que tu oyes en los cascos de tu Spotify es su hermosa voz casi en eco sobre un acompañamiento más que sintetizado.

Decían de sus anteriores discos que no tenía estilo, y parece que en estos mundos a todo artista le sale un padrino que le dice lo que tiene que hacer. Tu padrino era Ethan Johns Paolo, que como buen padrino te dejó ser tú y sonar como tú eres, único, con canciones como ésta:

Afortunadamente, Paolo tiene ese increíble directo que hace que las cosas suenen como tienen que sonar:

Esta sobre producción de un artista que no necesita casi que le produzcan,  me hizo plantearme muchas preguntas que no dejan de venir a cuento. De hecho, me hicieron escribir este post. Supongo que el haber visto Sound City  casi al mismo tiempo me ha ayudado a fijarme más si cabe en estos detalles.

Este documental, que a todos recomiendo, lanza una pregunta en concreto que le da sentido a todo esto:

¿Qué parte humana le queda a la música?

Sound-City-1

Grabaciones de discos en dos días, soltar mil gallos y  taparlos con sonidos y efectos, hacernos perder la capacidad de diferenciar los instrumentos.

¿Eso es lo que nos toca escuchar?

Todos sabemos que el tiempo es dinero pero inevitablemente me pongo en la piel de esos artistas y siento tristeza. Es como dejar en el descansillo las zapatillas de tu alma y ponértelas al salir, no vayas a ensuciar el suelo de tu trabajo.

No soy una purista musical, no es mi intención confundir, de hecho me gustan muchos estilos de música. Lo que si que soy es puramente humana y me gusta sentir lo que escucho. Eso, para mí, es la música.

Me hago preguntas tan absurdas como:

¿Qué historias nos van a contar de las grabaciones?

¿Repetirán una canción 100 veces?

¿Cambiarán 40 veces los acordes y letras de las canciones sentados entre esas cuatro paredes?

¿Se reconocerán en sus propias canciones?

Visto así suena como una especie de pesadilla pero, viendo las caras de emoción de todos lo que participan en el homenaje a este sello, te das cuenta de que en la música, el proceso creativo y constructivo, es una parte del todo.

¿Os imagináis unos años 90 sin Nirvana?

“Nevermind” se grabó en ese estudio, sonando de esa manera ruidosa, sucia, mágica y desgarradora.

Eso, para mí, debería ser la música.

 

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